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Valdeorras, una tierra con memoria

Valdeorras, una tierra con memoria

La Denominación de Origen Valdeorras fue reconocida oficialmente en 1945, aunque su historia vitivinícola se remonta mucho más atrás. Ya en época romana, esta comarca del interior gallego vivía un intenso trasiego ligado a la extracción de oro, y con él, al cultivo de la vid. El vino no era entonces un lujo, sino una necesidad: alimento, comercio y cultura.

Durante siglos, la viticultura en Valdeorras permaneció en un segundo plano, eclipsada por otras regiones más mediáticas. Sin embargo, en las últimas décadas ha resurgido con fuerza, apoyándose en la recuperación de variedades autóctonas y en una nueva generación de viticultores que han sabido mirar al pasado sin renunciar a la técnica contemporánea.

Mapa de Valdeorras (Galicia)

Un paisaje moldeado por el Sil

Situada en la provincia de Ourense, Valdeorras se despliega en torno al valle del río Sil, un eje natural que vertebra el territorio y define su carácter. Los viñedos trepan por laderas de fuerte pendiente, organizados en bancales que aprovechan al máximo la luz solar y facilitan el drenaje.

Los suelos son uno de los grandes secretos de la zona. La presencia dominante de la pizarra, junto con zonas de granito y arcilla, imprime a los vinos una marcada mineralidad. Es un paisaje áspero y hermoso, donde la vid parece abrirse paso con esfuerzo, y precisamente ahí reside parte de su riqueza.

Río Sil, Valdeorras

Un clima de contrastes

Valdeorras disfruta de un clima singular dentro de Galicia. Alejada de la influencia directa del Atlántico, presenta rasgos más continentales: inviernos fríos, veranos calurosos y una amplitud térmica notable entre el día y la noche.

Las precipitaciones son más moderadas que en otras denominaciones gallegas, lo que favorece una maduración más completa de la uva. Este equilibrio entre frescura y concentración se traduce en vinos con buena acidez, pero también con estructura y profundidad. No es una tierra de extremos, sino de tensiones bien resueltas.

La identidad de sus uvas

Si hay un nombre que define Valdeorras, ese es el de la godello. Esta variedad blanca, que estuvo a punto de desaparecer en el siglo XX, ha experimentado una recuperación ejemplar hasta convertirse en una de las grandes uvas blancas del panorama español.

La godello ofrece vinos con una notable capacidad de envejecimiento, combinando frescura, volumen y una expresión mineral muy característica. Junto a ella, conviven otras variedades blancas como la doña blanca o la palomino, aunque con menor protagonismo.

En el apartado de tintas, la mencía aporta vinos fragantes, de fruta roja y buena acidez, acompañada por variedades minoritarias como la merenzao o la sousón, que contribuyen a enriquecer el patrimonio vitícola de la zona.

La mirada contemporánea

La elaboración en Valdeorras vive un momento especialmente interesante. A la tradición heredada se suma una clara apuesta por la calidad, el respeto al viñedo y la expresión del terruño.

Muchos productores trabajan hoy con viñas viejas, recuperando parcelas históricas y apostando por elaboraciones más precisas. En el caso de la godello, es habitual encontrar fermentaciones y crianzas sobre lías, así como un uso cada vez más medido de la barrica, que busca aportar complejidad sin enmascarar la variedad.

Se percibe, en definitiva, una voluntad de identidad. Lejos de modas pasajeras, Valdeorras avanza hacia un estilo propio, donde la mineralidad, la frescura y la elegancia se convierten en señas de reconocimiento.

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